La Excepción llegó a mis oídos hace casi tres años. Muchas risas y muchos kilómetros el verano de 2006 con su "don-de-pro-yec-tan-las-pe-lis-del-jjjam-bo-Hen-ry-Po-tter" (el tema, Jambo Loco). Cuando buscando información sobre el grupo conocí la historia de su líder, el Langui, me quité el sombrero ante un hombre que había tenido las narices de ponerse al frente de un grupo rapero a pesar de padecer una seria dificultad motora. Música y hip-hop (la cultura de barrio importada de Estados Unidos que utiliza expresiones como el rap, el grafitti o el break dance), conceptos íntimamente ligados al movimiento y, por tanto, al menos en apariencia, difícilmente compatibles con una atrofia y de tal calibre.
No entraré a valorar el significado sociopolítico que puede tener el triunfo de Juan Manuel Montilla en los Goya, que no descarto. Aun si fuera cierto, para mí fue una alegría enorme verle ganar y, además, por partida doble. "¡A mí no me digas que no se puede!" es la frase lema de la película que le ha dado el premio por la mejor canción original y al mejor actor revelación, El truco del manco, que ha dirigido Santiago A. Zannou, otro hombre que ha tenido que enfrentar dificultades -quizá más su padre, inmigrante africano hace 38 años, que él-.
Ese "¡A mí no me digas que no se puede!", que le suelta el protagonista a un compañero de correrías incapaz de echarle narices a la vida, debería ser un eslogan para todo ser humano. Eso sí, interiorizar esa idea requiere entrenamiento. Este post nace del mejor agradecimiento que he escuchado en mi vida: "Se lo dedico a mis padres por haberme hecho tan fuerte, por haberme puesto el Nesquick y la leche siempre arriba del todo para que yo me esfuerce". Lo dijo el Langui, claro. Y es que ahí está el secreto. El fuerte nace predispuesto a serlo pero es esencial que se le exija serlo.
Puedo presumir de ser fuerte y no tengo ninguna duda de que en parte se lo debo a mi madre. Por suerte a mí no tuvieron que ponerme la mermelada donde no llegara -¡con la altura que tengo casi bastaba con que estuviera en la encimera!- pero sí me han obligado a enfrentarme a situaciones complicadas, a dar la cara en ocasiones en las que no me correspondía hacerlo, a ser capaz de coger por los cuernos los toros que han ido apareciendo a lo largo de mi existencia.... a mirar la vida cara a cara, en definitiva. Esas pruebas me costaron grandes esfuerzos en su día, rabia, dolor y hasta vergüenza, pero me han construido sólida y ahora no puedo sino agradecerlas.
Cuando estudiaba 3º de carrera decidí que el plan de estudios estaba mal hecho y que Periodismo se podía sacar perfectamente en tres años y no en cinco. Ya no estaba a tiempo de recortar mucho pero sí podía cursar los dos últimos años en uno, así que ni corta ni perezosa me matriculé de ambos organizando los turnos de forma que las clases fueran consecutivas, de ocho de la mañana a tres de la tarde. Tampoco se trataba de una proeza, aquello no era una ingeniería, pero la cosa tenía su miga y mi propósito era licenciarme en junio. Cuando llegaron los exámenes finales me mentalicé para el último esfuerzo y sobre mi enorme mesa de estudio, que yo gestionaba con meticulosidad (aquí las hojas de limpio, aquí las hojas de sucio, veinte subrayadores, el montón de apuntes ya vistos, el montón de apuntes por ver...) colgué un cartel tan ancho como mi habitación, cerca de tres metros, con una frase de Julio César que casualmente vi en un calendario: "Nada es tan difícil que no pueda conseguir la fortaleza". Unas semanas después volví a casa con mi título.
A Juan Manuel Montilla le ofrecieron colocar una rampa para que accediera al escenario de los Goya (de hecho se instaló una en un lateral para la silla de ruedas de Jesús Franco) y la rechazó.
Vídeo: Jambo loco, de La Excepción, el grupo rapero que lidera Juan Manuel Montilla, rap desde el barrio madrileño de Pan Bendito, un ambiente con el que, por cierto, no tengo nada que ver.


22 comentarios:
¿A una maña cabezuda se lo vas a decir? Ese "a mí no me digas que no se puede" también es lema importante en mi vida.Seguramente no soy tan fuerte como quisiera, ni siquiera como me creo, seguramente la vida no me ha puesto tan a prueba todavía, pero tengo un buen modelo a quien seguir, mi abuela, a quien la vida sí le dio muchos sinsabores, y muchas alegrías, claro, y a la que jamás vi decaer. No siempre llegamos a conseguir lo que nos proponemos, pero hago mío también ese famoso "impossible is nothing"
a mi tb m emocionó esa frase q dedicó a sus padres en los goya,jamás una frase tan simple ha tenido tanto fondo y describe a la perfección todo lo q han hecho por él .Chapeau por él y tb por sus padres,Por hacerle sentir toda su vida q uno puede conseguir lo q quiere con esfuerzo, a pesar d tan grave problema físico.Tb lo vi en "salvados"con el follonero, y además parece muy buena gente.M alegré por él.Bsitos.
Lamamma, supongo que nunca somos tan fuertes como queremos y, en efecto, hay veces que no todo se puede conseguir, entre otras razones porque intervienen factores que nosotros mismos no controlamos, pero la cuestión está sobre todo en la actitud.
Ser fuerte es una forma de encarar la vida, no desperdiciarla lamentándose sino hacer frente a lo que llega con valentía, no tener miedo a las experiencias y acogerlas de forma responsable.
El ser humano aguanta lo que le echen, no le queda otra, pero todos conocemos a quien lleva las cosas mejor y a quien las lleva peor, a quien hace un mundo de un grano de arena y a quien sabe limar las piedras hasta hacerlas polvo para poder digerirlas.
Sé que el cierzo te ha hecho corajuda, y al mencionar a tu abuela corroboras mi idea de que la fuerza también se aprende. Será por todo eso que nos entendemos tan bien :)
Laura, es que a veces los padres cometemos el error de sobreproteger a los hijos pensando que les damos lo mejor. Los niños necesitan seguridad, la seguridad del amor, y cierta ayuda para algunas cosas -en forma de orientación, generalmente- pero también necesitan tener que enfrentarse a las cosas, desde las más cotidianas hasta las más inusuales.
Yo intento que sea así con mis hijos. Mi hija estuvo sufriendo a una compañera que la molestaba desde 1º de Infantil. Ganas no me faltaban de ir a decirle cuatro cosas a la mocosa esa y sin embargo opté por repetirle a mi hija que era ella quien tenía que solucionar su problema. ¡Años tardó en ser capaz de plantarle cara a la pava esa! Pero lo consiguió y no lo hubiera hecho si alguien le hubiera sacado las castañas del fuego. Yo en todo momento tuve el tema más o menos controlado con los tutores correspondientes y siempre recabé información de mi hija sobre qué iba pasando, ¡no sabes la alegría el día que me contó que le había dicho cuatro cosas a aquella tonta!
Y ¿sabes qué hizo mi hija a continuación? Como le dolía ver que aquella niña se había quedado sin amigas, porque toda la clase le daba la espalda, fomentó su reinserción en el grupo, proponiendo a las demás que le dieran todas una oportunidad (¡ay, sí, se me cae la baba!).
Mi hija es un corazón con patas, que dijo alguien una vez, y sé que no puede abandonar su esencia porque eso es imposible, así que me toca seguir entrenándola para endurecerla, porque si no sufrirá más de lo necesario. ¡Y en ello estamos!
Luego, ejem, está Huracán Pakito, que lo que necesita es suavizante, ¡mucho suavizante!
Ese es el papel fundamental de los padres, realzar lo mejor de los niños y limar lo que puede traerles problemas en la vida, pero no taparlo o facilitarles las soluciones a todo. Cuando éramos pequeñas mi madre siempre repetía que los pollos tienen que volar fuera del nido y que nosotras, antes que sus hijas, éramos personas a las que ella tenía que formar lo mejor posible para salir a la vida. Quien nos conoce asegura que no lo ha hecho mal :) Y obviamente todas esas ideas calaron hondo en mí.
Por cierto, Laura, que sí que el Langui parece persona excelente. Se le ve en el pedazo de sonrisa franca que tiene. Me encanta.
Lo que más me gustó de la gala de los Goyas fue el traje plateado del Langui.
Lo demás, ejem...
Ahora ya entiendo, lo que quiere mi marido es que me haga fuerte... por eso lo pone todo a su altura...
Fue genial hasta en el traje, Enrique, que no era el más elegante pero tenía el toque excesivo del rapero de luxe. Yo creo que ese modelo lo habría elegido un Puff Daddy, por ejemplo, y se lo puso el Langui, con sus piernas torcidas y sus manos imposibles. Sus movimientos desatinados se hubieran visto menos con un traje más clásico y ya ves...
Por cierto, que lo que tiene el Langui es una parálisis cerebral por falta de oxígeno en el parto.
Merce, a lo mejor si a nosotras nos hubieran puesto el Nesquick y la leche bien altas habíamos estirado un par de centímetros, ¡jajaja! Pero mira tú por donde ahí mi madre peca, que cuando renueva los muebles de la cocina siempre pide que se los pongan tres o cuatro centímetros más abajo de lo normal, y la encimera, lo mismo.
Bien por tu marido, ¡lo lograrás!
La más gorda, una vez, que le dejé colgando un espejo en la entrada de casa, cuando volví, no me veía ni el flequillo, tenía que saltar para verme, mi te cuento la mirada que le eché...
¡Jajaja! ¡Jajaja! Merce, eso te pasa por casarte con un buen mozo, ¡haber elegido muerte!
jajajajaja, eso me recuerda la de mediciones que hicimos hacer al pobre hombre que nos instaló la barra de la ducha con hidromasaje, anda, para acertar con los chiribillos del agua para que nos fueran bien al punto y a la i...
¡Jajaja! Lamamma, te digo lo que a Merce, ¡haber elegido muerte! Pero bueno, la cosa es, ¿¿¿realmente la misma columna de hidromasaje puede ser eficaz tanto para el punto como para la i???
mujer, que los chiribillos son regulables también. La cosa está en ponerla en un punto intermedio para que luego cada uno se pueda regular las salidas de agua a su gusto...
¡¿No me digas?! Menos mal, ya me quedo más tranquila... ;P
No sé, chicas... a ver, los chorrillos que acierten con el punto... no sé, no sé...
Merce, que no es con el punto G, mujer.
Ya, mujer, me imaginaba... era una broma...
pero bueno que ya que estamos :P
¡¿De verdad era una broma?! Ay, no lo había cogido... ¡jajaja! ¡Anda! ¡que estamos algo espesas, ¿eh?! :PPP
Me ha gustado el post y tomo nota. Me gustaría ser más fuerte, pero siempre he sido cabezón y, al final, siempre intento alcanzar mis objetivos. Y ésta es una lección importante. A veces vemos las cosas más negras de lo que son.
Desd luego, a mis hijos intento no ponérselo fácil y que se ganen las cosas. Creo que hoy se les da todo hecho.
Charolito, no sé si te malinterpreto pero es que ser fuerte no sólo no está reñido con intentar alcanzar siempre los objetivos de uno sino que es la condición ideal para lograrlos.
Quizá el matiz que pueda dar la victoria esté en la fina raya que puede separar el ser cabezón con el ser perseverante (y, por tanto, fuerte). El cabezón a veces se obceca y se deja los cuernos intentando meter la cabeza por un callejón estrecho. El perseverante calcula estrategias y busca itinerarios alternativos para punto deseado.
Sin duda a veces vemos las cosas más negras de lo que son y esa mirada es, precisamente, la que las ennegrece. La gente suele complicarse mucho la vida haciendo un mundo de lo que puede ser extremadamente sencillo si se enfoca de otra manera y se aborda huyendo de la complejidad. No me incluyo porque soy una gran defensora, y creo que practicante, de la relativización y de la simplificación.
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